Nos hemos aficionado a las caminatas. Sí, a pesar del cansancio y las agujetas.
La cosa empezó desde Arequipa con un gélido y nocturno viaje de seis horas en bus público hasta llegar a Cabanaconde, el pueblo de referencia del Valle del Colca. Allí empezamos, junto a dos chicas inglesas y nuestro guía, Edgar, una travesía de dos días. El primero de ellos, de ocho horas de camino, nos llevó a conocer el Cañón del Colca y sus alrededores. Unas preciosas vistas que morían en la falda de alguna montaña que dificilmente lográbamos ver. Pueblos perdidos, de una veintena de habitantes, a los que sólo se puede acceder tras largas horas de camino, en mula o burro, animales que sirven para el transporte de las frutas y verduras con las que hacen el trueque en los pueblos vecinos. Casas en las que ninguno de nosotros creemos poder vivir, niños con las caras sucias y quemadas y vestidos con ropas que nunca se cambian. Las mujeres tiene la piel arrugada y maltratada por el trabajo. También por el frío y el sol. Son amables y siempre te saludan. LLegamos a dormir a Sangalle, un oasis, un pequeño pueblo en el que antiguamente vivían tres personas. Pero ya murieron y ahora sirve de alojamiento para quienes recorren el cañón. El sitio era sencillo. Habitaciones de madera y paja con grandes colchones y gruesas mantas. Un comedor, también de caña y paja donde tomamos la cena, con la única luz de unas velas sujetas en una botella de coca cola de dos litros. Había buen ambiente. Una fogata después de la cena y a la cama. La noche fue corta. Nos despertamos a las 2 de la mañana para iniciar el ascenso a la cima. Hacía mucho frío. Edgar, el guía, nos daba ánimos porque el ascenso fue duro. Nos contó que la gente del lugar se mueve siempre de noche, para evitar el calor. Y que cuando un pequeño grupo de estrellas brilla en el cielo, saben que es el momento de salir. A las siete de la mañana llegamos de nuevo a Cabanaconde. Un desayuno que nos pareció el mejor del mundo y el tiempo justo para llegar a La Cruz del Cóndor. Un mirador situado justo encima de la zona de hábitat de estos animales, donde se les observa a muy poca distancia. Impresiona...
La siguiente caminata que decidimos hacer fue 24 horas después de haber terminado el Colca. Aún teníamos agujetas. Fue el camino a Machupicchu desde Cuzco, por la jungla inca. Cuatro días nos separaban de esa maravillosa ciudad. El primero de ellos fue en bici, seis horas al más puro estilo Luisgui en la quebrantahuesos. Primero por camino asfaltado y luego por un camino de piedras que atravesó una veintena de diminutos pueblos. En Santa María pasamos la noche y al día siguiente nos adentramos en la selva. Vegetación frondosa, cascadas que brotaban de cualquier rincón, infinidad de frutas, plantaciones de coca que según nos dijeron irían para el narcotráfico que se movía en lo alto de las montañas. El calor apretaba en exceso y nuestros brazo y piernas estaban ya llenos de picaduras de mosquitos. Pero la ruta fue bonita. Atravesamos un verdadero camina inca, con escalones desgastados en los que a penas cabía un pie, y restos desde donde los antiguos guerreros vigilaban su territorio. Antes de llegar a Santa Teresa, el pueblo donde hicimos noche, cruzamos el río por una orolla que se construyó como vía de transporte después de que El Niño asolara la zona. Al día siguiente remontamos durante 15 kilómetros las vías del tren hasta llegar a Aguas Calientes, al campo base antes de subir hasta Machupicchu.
De nuevo la noche fue corta, porque a las cuatro de la mañana iniciábamos el ascenso. 1.300 escalones. Realmente incómodos. Aunque hay que reconocer, ahora, que la cosa tuvo su encanto. Entramos a las 7 de la mañana. Hacía mal tiempo. Una neblina envolvía toda la ciudad y la hacía aún más mística. Pudimos entender el cuándo, el por qué, el cómo y el hasta cuándo de todo aquello. Pero lo que más nos impresionó fue imaginar, sentados desde un punto que nos permitía ver todo, cómo debía ser Machupicchu hace tanto tiempo.
7 comentarios:
Espectacular chicos, aunque esté todo en parrafazos inmensos da gusto leeros. Volveré a echarle otra lectura que me he quedado con ganas.
Un abrazo grande y cuidaros.
Una breve visita desde mis vacaciones. Para esas caminatas en altura.
1. Paracetamol para las agujetas
2. Plátanos (potasio) contra los tirones.
3. Hidratación a tipe. Sorbito de agua cada 15 minutos, agua con sales (isostares etc) cada 30. Todo eso si hay, claro...
Y supongo que Ander podrá dar muchos y más sabios consejos.
Disfrutad en las alturas
Disfrutad de las alturas, haced caso a Luis Induráin con sus recetas y POR FAVOR CUIDADO!!! que os quiero vivos a la vuelta!
un besazo
Nos ha encantado el relato de las travesías por lo que supone el conocer y vivir experiencias con la gente del lugar.
Para no ser menos, hemos "descubierto" hoy una nueva ruta que va desde El Portalet hasta Artouste. Fantastica ¡!!!!!!!!!! Total 6 horas.
Besos. Aita
Desde el Rocio y con la BlackBerry os sigo. Curro cuantos recuerdos y que orgullo leeros.Perdonad ortografia.
Chicos...he estado sin internet en el pueblo de la amuna.Tengo que retomar el blog y leer detenidamente. Lo poco que he ojeado me ha llenado de curiosidad, envidia, alegría, muchos sentimientos encontrados; pero sobre todo, me he agotado con este último relato. Intuyo que os estaréis quedando tipo fino... zorrupios.
Bueno, yo informo de que ya estoy en la final del concurso ribereño de jóvenes estrellas de la canción. El 23 será la gran noche, y tengo muchas esperanzas puestas en mí. El dinero del premio lo guardaré como oro en paño para el próximo viaje. No os iréis sin mí!!!! Os quiero!!!! Muas!
Como dice Luisgui, yo tengo un consejo de mi época ciclista. Me lo daba mi abuela: "Cuando te canses, para".
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