Ayer dejamos Perú. Fue en cinco minutos. Un sello en el pasaporte, una pequeña cola y 100 metros de camino hasta cruzar un arco. La frontera. Al otro lado, la bandera boliviana ondeaba enérgicamente.
Dejamos atrás las papas a la huancaína, el ají de gallina...los olores, buenos y malos, de Lima, Arequipa, Cuzco...las maravillosas experiencias en el Cañón del Colca, Machupicchu y el Lago Titicaca. Gente con la que hemos pasado días, gente con la que tan sólo tuvimos una conversación o con la que compartimos un concierto en directo en el barrio más bohemio de la capital inca.
Y llegó La Paz, la ciudad que se acomoda en una cuenca rodeada por montañas, cuyas casas parecen trepar, inacabadas, por las laderas. Las calles son casi asfixiantes, intransitables. Los comercios despliegan sus productos en las aceras. Bidés, mosaicos de baldosas, botes de pintura, bañeras, sacos de tierra, arroz o pasta obligan a los peatones a invadir las calzadas y el tráfico, dominado por pequeñas furgonetas que funcionan como autobuses, se colapsa. Ser peatón en La Paz es una odisea y desde luego, quien conduzca aquí sabe conducir en cualquier sitio. "Es un sálvese quien pueda", nos decía Anibla, un taxista.
En las calles peatonales hay puestos de todo tipo. Gorros, guantes y mantas. Manís, maíz y abas. Unas golosinas fosforitas, con muy mala pinta. Productos medicinales. Y fetos de llama. Sí, fetos de llama. Para hacer rituales. Cada dos pasos hay niños limpiando zapatos. Con la cara tapada para evitar atontarse con los productos que utilizan. Llevan las uñas ennegrecidas y su mirada siempre se dirige a los pies de quienes pasean, casi nunca a la cara.
Esta mañana hemos paseado por la ciudad. Al dejar la zona de nuestro hostal, cuando nos hemos metido de nuevo en el bullicio nos hemos parado junto a la iglesia de San Francisco. Un grupo de minusválidos lleva viviendo allí, bajo plásticos y entre cartones, algo más de un mes. Piden que los congresistas aprueben que se les conceda un bono de 5.000 bolivianos (500 euros) al año para poder vivir. "Los congresistas sesionan martes, miércoles y jueves. Aquí siguen esperando. A ver si hoy tienen suerte", nos ha dicho un periodista de un medio local que grababa la escena.
Dejamos atrás las papas a la huancaína, el ají de gallina...los olores, buenos y malos, de Lima, Arequipa, Cuzco...las maravillosas experiencias en el Cañón del Colca, Machupicchu y el Lago Titicaca. Gente con la que hemos pasado días, gente con la que tan sólo tuvimos una conversación o con la que compartimos un concierto en directo en el barrio más bohemio de la capital inca.
Y llegó La Paz, la ciudad que se acomoda en una cuenca rodeada por montañas, cuyas casas parecen trepar, inacabadas, por las laderas. Las calles son casi asfixiantes, intransitables. Los comercios despliegan sus productos en las aceras. Bidés, mosaicos de baldosas, botes de pintura, bañeras, sacos de tierra, arroz o pasta obligan a los peatones a invadir las calzadas y el tráfico, dominado por pequeñas furgonetas que funcionan como autobuses, se colapsa. Ser peatón en La Paz es una odisea y desde luego, quien conduzca aquí sabe conducir en cualquier sitio. "Es un sálvese quien pueda", nos decía Anibla, un taxista.
En las calles peatonales hay puestos de todo tipo. Gorros, guantes y mantas. Manís, maíz y abas. Unas golosinas fosforitas, con muy mala pinta. Productos medicinales. Y fetos de llama. Sí, fetos de llama. Para hacer rituales. Cada dos pasos hay niños limpiando zapatos. Con la cara tapada para evitar atontarse con los productos que utilizan. Llevan las uñas ennegrecidas y su mirada siempre se dirige a los pies de quienes pasean, casi nunca a la cara.
Esta mañana hemos paseado por la ciudad. Al dejar la zona de nuestro hostal, cuando nos hemos metido de nuevo en el bullicio nos hemos parado junto a la iglesia de San Francisco. Un grupo de minusválidos lleva viviendo allí, bajo plásticos y entre cartones, algo más de un mes. Piden que los congresistas aprueben que se les conceda un bono de 5.000 bolivianos (500 euros) al año para poder vivir. "Los congresistas sesionan martes, miércoles y jueves. Aquí siguen esperando. A ver si hoy tienen suerte", nos ha dicho un periodista de un medio local que grababa la escena.
La realidad es que aquí todo el mundo parece ir a lo suyo. Un millón de personas que parece ser el quíntuple y ni rastro del referéndum.
PD: Hemos creado un flickr para las fotos. El link está a la derecha. Iremos colgando poco a poco.
PD2: Después de la fuerte competencia por resolver el misterio de las líneas de Nazca (sólo Ander Izagirre y Luis Melgar han "participado"...) dosmochilas hará entrega de un detalle peruano a... Ander Izagirre. Aunque para darte el regalo tendremos que tener el placer de conocerte primero...
4 comentarios:
Me engancho al blog.
Espero que lo estéis pasando de miedo, que todo salga bien y que vovláis con ganas de contarlo todo en persona!!!
Abrazos a los 2
Fantástica descripción de la salida de Perú / entrada en Bolivia.
Es ........ como si hubiera estado.
Un beso
La bruja Curuja
¡Ole! Se lo dedico a todos los que me han apoyado desde que era cadete.
Cuando volváis, pegadme un toque y nos conocemos.
Feliz viaje.
Orgullo, emoción, envidia... Es mucho lo que se puede decir de vuestra aventura y de este blog. Pero para las fotos sencillamente no hay palabras... Qué ganas de verlas todas!! Muchos besos,
Julia
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